“Son preciosos nuestros besos a las afueras del pueblo. ¿Qué pueden tener de malo, si es lo que mejor hacemos?, ¿por qué han de ser escondidos los secretos y los sueños?” (SPBN, Iván Ferreiro)
La semana pasada, en el dominical de El País, se publicaba un reportaje sobre los besos y lo que significan en cada sociedad. Quizá alguno de los que entren en este blog lo leyerais, pero comenzar el texto descubriendo que hay sociedades en las que, esta demostración de amor y cariño, no puede practicarse en público, hace que a uno –como mínimo- se le revuelva algo por dentro.
Ir de la mano, besarse en público puede ir contra las leyes en países como Indonesia: “Kiki y Anis (la pareja) fueron llevados a juicio, acusados de violar la sharía o ley musulmana por comportamiento indecente.” ¿La resolución?: “ocho latigazos frente a cientos de testigos”.
Comportamiento indecente, dicen. ¿Puede ser indecente besar a la persona que amas?, ¿puede ser feo coger de la mano a tu pareja y pasear por la calle gritándole al mundo que estás enamorad@?, ¿puede considerarse pecado ese tipo de amor? Puff, sólo de pensarlo, me pongo enferma.
Yo no sabía, que en pleno beso “participan 34 músculos de la cara, que nos relaja y hace soñar y que aporta información para calibrar el éxito de una relación”. Tanto como el éxito de una relación, no se, pero yo –en primera persona- tengo una relación especial con los besos. Como siempre digo: “si a mí un hombre me besa bien, estoy perdida”.
¿Qué es bien? Vamos allá. Una amiga mía, siempre que le hablo del tema, contesta: “¿ya vas a empezar con el rollo ese de los besos, los hombres y tu?”. Miro, respiro, pienso y contesto: “si, que le vamos a hacer, soy una romántica”.
Desde mi humilde (y romántico) punto de vista, no hay nada mejor que un beso. Yo, incluso, lo prefiero a un ‘polvo’. Un beso puede decirte tantas cosas en tan poco tiempo, que si le prestáramos más atención, sacaríamos mayores conclusiones. Decir que prefieres un beso a un ‘polvo’ –no a hacer el amor, que quede claro-, implica que la gente te mire con cara de “esta tía cada vez está peor de la cabeza”.
No, no es cuestión de locura, es cuestión de comunicación, de preferencias, de sensaciones, de momentos, de roce, de ganas, de tantas cosas que no podría enumerarlas todas. “Hay pueblos africanos que no besan para evitar el robo del alma”, decía El Pais, pues oye, a mí que me roben el alma y lo que quieran.
Ese momento en el que estás con esa persona, que casi la acabas de conocer, en el que te miras, y remiras y remiras y no sabes qué hacer, porque sólo piensas: “por favor, por favor, que me bese ya”. Ese momento en el que parece que se acerca, que te acercas, pero es sólo un amago; mientras el corazón se acelera, para, se acelera, para y ya acelera sin parar. Ese momento para mí, sin llegar a ser mágico porque caería en el empalagosismo, es fantástico.
Ese beso, no se olvida. De pronto una electricidad característica recorre el cuerpo, de pronto estáis solos, de pronto esa comunicación sin palabras llena los silencios del Dj, de pronto no hay nada más. No, no se olvida. Si hiciéramos una encuesta, seguro que todos nos acordamos de él.
Para mí ese primer beso puede hacer que quiera más o que definitivamente me aleje de esa persona. No por el mito de “si besa bien, fo…bien”, no, sino porque se qué dependiendo de cómo sean esos besos, de cómo me los den, de cómo los de, de lo dulce o de lo bruscos, de lo forzado o lo natural, de cómo sus manos tomen mi cara, de cómo las miradas pidan más o no…todo será de una manera o de otra.
Si ha salido como quieres, olvídate, la droga se apodera de tu cuerpo, quieres más y el síndrome de abstinencia, cuando no los tienes a mano, hace que la memoria entre en acción y te ayude a recrear, de nuevo, la escena. Deseando más, claro.
Puede que salgan mal, también. Puede ocurrir que tu partenaire no tenga ni idea de besar. Digo el contrario, porque obviamente tu siempre haces todo estupendamente, :). Esos que parece que te succionan y piensas que van a tener que venir los bomberos a sacarte de esas profundidades. Esos que se creen que besar es lametear. ¡Puag! Esos que no tienen ni idea de lo que es la dulzura, de lo que es in crescendo, es decir: de menos a más. Ellos no, ale, a lo bestia todo….(ay, hasta grima me está dando). Esos que se olvidan que el labio con labio, ese suave roce previo también forma parte del beso y no sólo meter la lengua. ¡Por Dios, que hay tiempo para todo!, vayamos por partes….
También hay besos de Judas, cierto, pero esos aquí no interesan. Interesan los bonitos, lo románticos, los tímidos, los pasionales, los robados, los de amigos con derecho a roce, los del 50 aniversario de boda, los de ‘que se besen los novios’, incluso aquellos que aún deseando que sucedan, no han tenido la suerte de llegar a buen puerto.
Ya lo decía Pablo Neruda: “En un beso, sabrás todo lo que he callado.”

Totalmente de acuerdo: No hay nada más mágico (y sí, yo me atrevo a decirlo, aunque me llaméis cursi :-p que un beso. Y soy de las tuyas, amiga: si un hombre sabe besar, ya me tiene ganada en un cincuenta por ciento.
Buena entrada.
¡Saluditos!
María, gracias por leerlo y por atreverte a utilizar la palabra "mágica". Parece que seguir siendo romántica, o cursi dependiendo de la visión de algun@s, está mal visto, pero....siempre es mucho mejor la diferencia que dejarse llevar por la corriente. ¿O no?